Nuestro
planeta Tierra, está constituido por el reino mineral. Todo lo que
hay en Él es mineral, o la variante física y química de éste. Todos
los SERES que poblamos la tierra, estamos formados por un alto porcentaje
mineral, por este motivo, nuestra relación con la tierra y los minerales
es íntima, y son los cristales, una herramienta que nos nutre en el
camino de nuestra evolución.
Las piedras
y cristales son una manifestación de vida, ya que por acción del calor
y el modo de enfriamiento, pueden crear variadas formas de cristalización
y según sus componentes principales, manifestar una extensa gama de
colores. Existen siete familias en el reino de los cristales. Cada
una posee su propia estructura geométrica y su propia estructura molecular,
no obstante, en cada cristal, podemos notar claramente su diseño cósmico
que los convierte en entidades únicas e irrepetibles. Según Katrina
Raphaell, las siete "tribus del reino de los cristales"
son: El sistema Isométrico (cúbico, por ejemplo la Fluorita), el Tetragonal
(de cuatro caras, por ejemplo la Wulfenita), el Hexagonal (de seis
caras, la esmeralda), el Triangular (de tres caras, el cuarzo), el
Ortorómbico (con forma de rombo, el Topacio), el Monoclínico (intersección
de ejes oblicua, la Azurita), y el Trilínico (inclinado en tres planos,
la Turquesa).
Como
toda forma de vida, las piedras y los cristales están en una constante
evolución; no solo físicamente (creciendo) sino también espiritualmente,
a través de sus trabajos energéticos con nosotros y el planeta.
Energéticamente,
podemos decir que cada cristal tiene un campo vibratorio que según
su evolución, puede ser de centímetros a metros. La estructura geométrica
y el color, definirán su acción energética sobre nosotros, actuando
con su vibración sobre nuestras auras, nádis y chakras.